
Tras las cargas emocionales del día a día, lo único que necesito es un buen abrazo. Por eso, en cuanto abro la puerta, la desconexión empieza con la alegría de Ludo recibiéndome a brincos y con Alba, que a sus edades tarda un poquito más en salir de su «zulo» adolescente. Como nuestra casa no tiene un recibidor al uso y entras directamente al salón, para mí era vital crear un filtro; una transición que dejara el ruido del mundo exterior fuera y mantuviera la paz dentro sin necesidad de meterme en costosas obras.
El primer paso de este ritual es descalzarnos para soltar las prisas y ponernos cómodas. Para lograrlo, colocar el banco zapatero de bambú de SONGMICS justo en la entrada fue clave, delimita el espacio visualmente, es súper resistente y regala una sensación de orden y calidez natural inmediato desde el primer paso.

Al no tener paredes que dividieran esta zona de la del salón, recurrí a un truco que me salvó la vida: unas cortinas étnicas de algodón, instaladas con barras telescópicas de presión que compré en Amazon. Sin taladros y en cinco minutos, logré crear esa intimidad que tanto necesitábamos al abrir la puerta de la calle con un toque precioso.

Me gustó tanto la idea que repetí el truco en el salón, quité una de las puertas de paso para ganar amplitud y utilicé otra cortina fluida hacia la zona de descanso. Así, la luz circula libremente pero las estancias quedan estéticamente separadas.

Una vez dentro de nuestra zona de relax, la atmósfera cambia por completo gracias a la iluminación. Las lámparas de sal y las de estilo marroquí o turco, me encantan; con su luz suave, cálida y anaranjada, tienen el poder mágico de relajar el sistema nervioso. Sus tonos y proyecciones crean un ambiente súper acogedor que va ideal con nuestra decoración y te avisa de que, por fin, ya estás en tu refugio seguro.

Para delimitar el suelo de este rincón Zen sin sufrir por las patas de una mascota, las alfombras de bambú de LOLAhome son mi salvación. Me gustan tanto que las tengo por toda la casa en todos los tamaños y colores. Lo mejor es que se pueden fregar directamente, lo que las convierte en un imprescindible. Calidad-precio son maravillosas y nos permiten disfrutar de texturas naturales sin ninguna preocupación.
«Separar un espacio no es dividirlo, es darle a la calma un rincón propio donde empezar a respirar».
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